Author Topic: Resonet - Canto de Ultreia (2009)  (Read 43 times)

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Resonet - Canto de Ultreia (2009)
« on: December 09, 2017, 04:46:23 PM »



http://www.sonusantiqva.org/i/R/Resonet/2009CantoUltreia.html




Me resulta complicado y contradictorio hablar de este disco (doble). Por un lado estamos ante un hito (más o menos) por contener una gran cantidad de Calixtino, solo superada por la integral que el Coro Ultreia (otro grupo gallego o galleguizante) grabó hace diez años. Pero si la integral era, hasta cierto punto, sobria y monacal, este Calixtino de Resonet lo encuentro efervescente y recreativo. Si las voces no fueran tan cultivadas y los instrumentos tan finos podría ser un Calixtino de romería (cosa que me hubiera gustado mucho).

Las notas vienen precedidas de amplias citas del Calixtino (y alguna más) mostrando las multitudes y muchedumbres musicales (vocales e instrumentales) asociadas a Compostela. En esos textos debe basarse Fernando Reyes para su Calixtino tan colorido. Y según él mismo explica, como transcriptor ha descubierto "una gran riqueza musical y una amplia variedad rítmica que por razones inexplicables fueran anuladas u homogeneizadas en algunos trabajos consultados previamente por nosotros en los que la música perdía su policromía original cual Pórtico de la Gloria". Yo hasta ahora pensaba que los ritmos no estaban en el Códice (ni en otros más o menos tan antiguos), pero como soy lego en la materia (y casi lerdo) ni quito ni pongo Rey ni Apóstol. Aunque a veces me pregunto si los pocos escritos antiguos conservados son fiables del todo (autocensura, autobombo, prensa canallesca o amarilla ...).

Los discos se dividen, como se explican en las notas, en secciones 'temáticas', con títulos como Herru Sanctiagu, Boanerges, Prothomartir, etc

El primer disco (y primera sección) comienza con Resonet [nostra Domino caterva], de donde seguramente toma el grupo su nombre (también podrían tomarlo de Vox nostra resonet, pero una tercera palabra...). Una potente llamada de atención de la chirimía para que nos recojamos y escuchemos y luego, a la velocidad del rayo (los truenos vendrán después), los versos, con las voces fuertemente acompañadas de instrumentos, sobre todo (¡ay!) percusión; un intermedio, más versos y se acabó, todo en dos minutos... Por el camino me parece que se me ha disuelto la melodía (o enlazado con muchas otras que a modo de flora bacterio-musical me tienen colonizado el cerebro); no he dejado de pensar en Savall en ningún momento, el sonido global se parece bastante al de muchos de sus discos.

En la segunda pista (O quante sanctitate) las fuerzas se reducen, cítola y soprano, por este orden. Es una cosa muy bonita pero no termino de verla en el Calixtino, la cítola tiene mucha presencia, con pasajes instrumentales, la voz más para un recital que para una celebración religiosa. Como de costumbre no me entero de nada de lo que canta si no tengo delante el texto.

Es probable que yo tenga la mente deformada por tantos años de 'adoctrinamiento' calixtino (¿y machista?) pero no terminan de gustarme voces femeninas en este repertorio. Quizá no debería haber escrito esto, porque vivimos en una época en que no se puede decir lo que se piensa: prácticamente todo es 'incorrecto' (y hasta se intenta corregir el pasado, como esos que presionan para que no se proyecten películas antiguas donde se fuma, o al menos calificarlas con el equivalente de nuestro inefable 3R o 4; aunque creo que no se oponen a las actuales en que se mata). Pero sírvame de excusa que mis voces adoradas son en su mayor parte femeninas, en todos los géneros, desde Om Kalsum a Barbara Thornton, Grace Slick, Hayda, Lakshmi Shankar, Billy Holiday, Judy Collins, Jacqui McShee o La Niña de los Peines (llenaría una página; de hombres, un par de líneas...)

Tal vez debería precisar: no considero adecuadas al repertorio las voces femeninas ... españolas, a las que además nunca entiendo (¡qué diferencia con Andrea von Ramm, Susanne Norin o la citada Barbara Thornton!). Ya puestos aprovecho para meter también a los cantantes españoles. De hecho creo que no tengo a ningún grupo español de música antigua entre mis favoritos (al menos vocalmente, los instrumentales ya son otra cosa). No sé que me pasa con las voces del país, que con frecuencia las encuentro engoladas, impostadas, en el otro extremo de la naturalidad (de ahí mi comentario anterior sobre las romerías). Por cierto, hablando de voces, el contratenor David Sagastume canta en bastantes discos de Savall.

El asunto de las voces no tiene mayor importancia. Tras varias escuchas se acepta inconscientemente que no estamos ante un Calixtino ni monjil (¿se podrá usar este adjetivo para monjes además de para monjas?) ni popular y se disfruta ampliamente en muchos momentos. Con media docena de audiciones la felicidad puede empezar a ser completa...

La tercera pista es Vox nostra resonet, repetida, casi simétricamente, hacia el final del disco segundo. Repetición que puede resultar chocante, porque no hay una diferencia abismal entre ambas versiones y porque hay muchas cosas que no han grabado (¿pensando en otro disco?) Pero eso no es nada comparado con las cinco ocasiones en las que aparece el Dum pater familias.

Fue en la cuarta pista (Annua gaudia) donde tuve la impresión de encontrarme por primera vez con 'mi' Calixtino, y eso que las voces de los contratenores las encontré algo 'rechinantes' a veces, pero el dúo de frautas es sencillamente angelical, solistas ellas o acompañando al canto. Preludios e intermedios instrumentales son muy abundantes en el disco. Pensé en un principio que hubiera sido mejor (para mi gusto) aumentarlos y retirar un poco (o un mucho) los instrumentos que acompañan al canto, pero tras varias audiciones acepto con gusto 'la realidad'.

Con el 'estruendo' (especialmente percusivo), mi sordera y el equipo musical low-cost (el PC y sus altavoces) en muchas pistas no me decido a decirme que estoy oyendo una gaita o una zanfona (ya sé que es un delito, pero he escuchado tantas clases de gaitas y de zanfonas...); así que como no especifican qué instrumento suena (solo están las iniciales del multi-instrumentista) cuando no estaba muy seguro escribí directamente zanfona/gaita en la página. Y me parece que en alguna pista suenan instrumentos que no están acreditados. Por ejemplo, en Ad superni me parece que suenan unos suspiros de chirimía con sordina en los finales de verso; en el Dum pater familias de la pista 15 del segundo disco se han olvidado de la zanfona que suena, a no ser que, errata mediante, no cante el baixo AF y lo que suene sea la viela FA, aunque no creo.

Iocundetur, en la pista 5, es la pista más larga de los dos discos, pero no porque esté cantada lentamente, sino por los intermedios instrumentales (alta capella) y el preludio y el (casi) postludio de arpa. No sé yo si no se produce 'solución de continuidad'. En cualquier caso parece una danza (rápida) y además nos sirve para ilustrar otra característica de la grabación: el frecuente cambio de cantantes entre versos.

Tras el primero de los cinco Dum pater familias que finaliza la sección Herru Sanctiagu llega una de las partes más chocantes y atractivas, la sección Boanerges, cuya primera pista (la 7) reúne una monodia bellísima Vocabit Iesus Iacobum (cc 5) y una polifonía en órgano no menos bella, y además gloriosa, Dum esset (cc 103) de cuyo texto, como he explicado algunas veces procede el nombre de este sitio. El lazo de unión para arrejuntarlos en una única pista es la palabra tonitrui que aparece en ambos textos y que da pie a que el percusionista ilustre la pista con sonidos de truenos, primero lejanos en Vocabit (e inesperados, con esa bonita chirimía con la que comienza la pista y que luego acompaña al canto asustado); después estalla la tormenta en Dum esset y para guarecerse todo el mundo echa a correr y despachan en apenas minuto y medio esta gloria del Calixtino. Con prisas y todo el resultado es espectacular y emocionante. En el otro extremo tedríamos los nueve minutos del Ensemble Organum; en realidad son 12, pero hay que contar la monodia del Dum esset (cc 41) que Resonet no canta, pasando directamente al versículo polifónico Sicut enim (cc 103). De haberlo cantado, el nexo textual entre las dos piezas de la pista hubiera sido más amplio y explícito: ... Iacobum et Ioannem Boanerges, quod est filii tonitrui.

Sí cantan la monodia en la siguiente pista, Huic Iacobo. Comienzan soprano y contratenor con esas palabras en polifonía (cc 104) y sigue el contratenor con la bella monodia (Condoluit Dominus, cc 48) para volver a cantar ambos el versículo polifónico (Tristis est anima mea, cc 104). Doliente y bello, sin instrumentos.

Los instrumentos reaparecen en la sección siguiente (Prothomartir) en forma de bella danza al principio de Felix per omnes, y se quedan, con un ritmo cautivador, tranformando la pieza en una canción muy hermosa. Me será difícil no oírlos en segundo plano cuando vuelva a escuchar versiones vocales de esta pieza. Me temo que me abducirá en las próximas horas y días. Lo mismo pasa con los instrumentos de Herodes Rex en su principio y final, en el centro enmascarados por la potencia de la voz de bajo del cruel rey. A propósito de Congaudeant catholici siempre pienso que con lo que se desviven en escribir aquello de la primera obra a tres voces, y su importancia, luego casi nadie se molesta en grabarla entera (aquí tampoco). Exultet celi curia suena como una exultante y auténtica danza gallega.

No voy seguir desgranando las pistas una a una porque a lo mejor no terminamos antes del día del Juicio (y hay también en el disco un Judicii Signum mozárabe; a ese sí llegaríamos).

El primer disco está íntegramente dedicado al Calixtino. En el segundo, con algo de Calixtino también, entran otras piezas asociadas al culto de Santiago y canciones populares del Camino (derivadas de una manera u otra, musicalmente, del Dum pater familias; de ahí la brillante idea de terminar el disco con un medley de varias de ellas, incluyendo el 'original').

Supongo que iré escribiendo más (más adelante). Resumamos diciendo que este es un disco para disfrutar (y muchísimo) especialmente si se conocen muchas versiones del Calixtino. Porque la variedad de transformaciones que sufren las piezas (ritmos e instrumentaciones, las melodías a veces también) las hacen aparecer con ropajes nuevos, deslumbrantes, desconocidos; a veces es como un juego de adivinanzas (si uno se pone a escuchar las pistas de forma desordenada y no sabe qué está escuchando). Y la alegría desbordante de la mayor parte del disco, aunque de fondo esté la celebración de un martirio (claro que eso era algo muy positivo en ciertas épocas y religiones). Los que tenemos formación austera, podemos sentir cierto rechazo inicial, educados en la idea de la vida como Valle de Lágrimas, con un Dios casi sin otra ocupación que oír nuestras confesiones de pecadores arrepentidos, pero si nos abandonamos al ambiente festivo y nos olvidamos de martirios y demás ... Y desde luego si no se entiendan los textos o no se ponen en contexto, podemos quedarnos con la música, que es bastante y excelsa.